jueves, 1 de septiembre de 2011

El pirata Malasuerte


Al pirata Malasuerte lo llamaban así porque siempre se quejaba:
- ¡Qué mala suerte tengo! ¡Nunca encuentro un tesoro que me guste! ¡Ay, ay, ay, qué mala suerte!

Una vez, Malasuerte encontró dentro de una botella el mapa de un tesoro escondido.
- ¡Qué mala suerte tengo! ¡El tesoro está en una isla lejana! ¡Y encima está escondido!

Pero igual, el pirata llamó a sus hombres y partió en su barco, el “Malamufa” hacia la isla. Navegaron por el mar Caribe mientras Malasuerte se quejaba de las olas, del viento, de la lluvia y de las gaviotas que no lo dejaban dormir con sus graznidos. Cuando llegaron a la isla, se puso a buscar el famoso tesoro mientras protestaba porque tenía arena en los zapatos.
- ¡Qué mala suerte! ¡Con lo sensibles que tengo los pies!

De pronto, uno de los piratas gritó:
- ¡Capitán, encontré el cofre del tesoro!

Cuando Malasuerte abrió el cofre, se agarró la cabeza y exclamó:
- ¡Qué malísima suerte!

Porque el cofre estaba repleto de caramelos, chupetines, galletitas con chocolate, obleas rellenas, chicles, pastillas de menta, tabletas de dulce de leche, garrapiñadas, confites, bombones de fruta, papitas fritas y chizitos. Mientras sus hombres comían golosinas a cuatro manos, Malasuerte gritaba:
- ¡Qué suerte horrible tengo! ¡No hay ni una moneda de oro! ¡No hay perlas, diamantes, rubíes ni esmeraldas!
- Capitán – le dijo uno de sus hombres -, ¿no quiere comer un chocolate? Mire que están ricos…
- ¡No! – exclamó Malasuerte -. Con mi mala suerte, seguro que me va a doler una muela. Vámonos enseguida de esta isla.

Pero cuando estaban navegando en el “Malamufa” por el mar Caribe, se levantó una gran tormenta y el barco fue a parar a una isla donde no había ni tesoro, ni caramelos, ni papitas fritas, ni un triste coco. Cuando todos empezaron a sentir hambre, Malasuerte se quejó:
- ¡Qué mala suerte, ojalá hubiera comido las golosinas de la otra isla!

Entonces, sus hombres, cansados de escucharlo, se metieron en el agua y comenzaron a nadar lo más lejos que pudieron. El pirata se quedó en la playa y le dijo a un cangrejo que pasaba por ahí:
- ¿No ves? Si hasta mis piratas me dejaron solo… ¡Qué mala suerte!

Cuento de Graciela Pérez Aguilar.
Ilustración: Internet.

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