jueves, 15 de septiembre de 2011

El mapa del tesoro


El pirata Malamuerte saltaba en su pata de palo. Había encontrado, sobre la mesa de la taberna del puerto, un mapa del mar Caribe. Allí estaba señalada, con una cruz roja, una isla con un cartelito que decía: AQUÍ ESTÁ EL TESORO.

Malamuerte no le hizo caso a su loro Bermúdez cuando le dijo, desde arriba del hombro:
—¿No es raro que dejen tirado un mapa así sobre una mesa?

El temible pirata reunió a su tripulación. Enseguida izaron las velas de su barco, el “Terrorífico” y salieron navegando a todo trapo hacia la isla.
—¡Pongan la proa hacia el norte! ¡Cuidado con los arrecifes! ¡Todo el timón a estribor! —gritaba Malamuerte.
—A babor, capitán —le recordaba con paciencia el loro—. “Babor” es la izquierda y “estribor” es la derecha”.
—Bueno, eso, hagan lo que dice Bermúdez —rugía el pirata.

El “Terrorífico” cruzó las aguas del mar Caribe llevado velozmente por el viento durante varias horas. De pronto, Malamuerte vio, por el largavista, que muchos otros barcos iban hacia el mismo destino.
—¡Ahí está el barco de mi archienemigo Parche Negro! ¡Y el de Garfio Verde! ¡Y el del Calavera! ¡Preparen las armas que vamos a pelear por el tesoro!

Cuando llegaron a la playa, los feroces piratas, armados hasta los dientes, escucharon una musiquita que venía desde la selva cercana. Se miraron con mala cara y arremetieron a los machetazos contra las palmeras, los helechos y las lianas.
—Hágame caso, capitán, aquí hay caimán encerrado —le decía Bermúdez a su jefe.
—¡Callate, loro, o te desplumo.
—Lo que usted diga, señor.

Pero cuando llegaron a un claro de la selva, se quedaron boquiabiertos. La musiquita salía de un gran quiosco llamado “El tesoro”, rodeado por mesitas con sombrillas. Por todos lados había carteles que ofrecían “La cajita del pirata feliz”, “El combo de hamburguesa de tortuga”, “El flip de mandioca frita” y “La lata gigante de Tropicola”.

Derrotado y hambriento, Malamuerte se sentó en una mesita y pidió el combo de tortuga con un vaso de Tropicola. Mientras comía, para colmo tuvo que escuchar al loro Bermudez que, desde arriba de su hombro cantaba la letra de la musiquita:

“El tesoro del pirata,
comida rica,
bebida en lata,
en nuestra isla,
por poca plata”.

Cuento de Graciela Pérez Aguilar.
Foto: Internet.

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