lunes, 26 de septiembre de 2011

Colombina y el “Demonio del Mar”


Hace mucho tiempo, Colombina vivía en una isla de piratas. Su papá había sido un famoso marinero que le enseñó todos los secretos del mar. Pero, un día, su papá se fue a navegar por los mares y no volvió. Desde entonces, Colombina trabajaba con su mamá en una tienda de ropa y todos los días veía pasar a los piratas frente a la tienda.
—Hola, nena —saludaba el pirata Ojochueco —. ¿Querés dar una vuelta en barco?
—No, gracias, Ojochueco, cuando mi papá vuelva me va a llevar a dar una vuelta en su barco —contestaba Colombina.
—Hola, Colombinita —saludaba el pirata Patanegra —. ¿Querés que te enseñe cómo se maneja el timón de un barco?
—No, gracias, Patanegra, mi papá ya me enseñó a manejar el timón —contestaba Colombina.

Pero, un día, Colombina se cansó de que los piratas la trataran como a una nena. Y pensó, pensó y pensó cómo convertirse ella misma en una pirata. Los piratas iban y venían por los mares, decían malas palabras e iban a las tabernas (que son los bares de los piratas) sin que nadie les dijera nada. Mientras tanto, ella estaba siempre metida en la tienda de ropa, sin asomar la nariz a la calle. Fue entonces cuando inventó su fabuloso plan…

Parece increíble, pero Colombina alquiló un bote grande en el puerto, con los ahorros que había juntado. Poco a poco, le fabricó unas velas con los retazos de género que sobraban de la tienda de su mamá y les pintó una enorme lengua roja. Después, fabricó unos piratas de mentira, con sombrero y todo. Después, inventó unas armas secretas con las recetas que le había enseñado su papá. Y cuando tuvo todo listo, se lanzó al mar.

Y le puso un nombre a su bote: “El Demonio del Mar”.

Desde entonces, “El Demonio del Mar” se convirtió en el terror de los mares del Caribe. Aparecía en los momentos menos pensados, cuando los piratas estaban descansando de sus piraterías, y los amenazaba con su espantosa vela iluminada con una lengua roja. Les arrojaba unos cuantos cohetes y después desaparecía.

—Este “Demonio del Mar” es algo serio —decía Ojochueco en la taberna del puerto—. Se nos apareció con muchos piratas hace una semana y nos tiró un montón de cañonazos de fuego.
—También me crucé con el “Demonio del Mar” y nos apuntó con la lengua roja de su vela —agregaba Patanegra—. Vimos un montón de luces malas en el horizonte y decidimos volver al puerto.

Mientras tanto, Colombina seguía trabajando en la tienda de su mamá y, por las noches, inventaba nuevos trucos para que el “Demonio del Mar” fuera el barco más temible del Caribe. Con lo que le había enseñado su papá, inventó un espejo que iluminaba el mar con la luz de varias velas. También inventó unos fuegos artificiales que parecían bombas destructoras y fabricó muchos más piratas de tela para poner en las bordas (que son los costados de los barcos).

Todo iba bien para el “Demonio del Mar” hasta que los piratas se juntaron en la taberna del puerto.
—¡Tenemos que atacar ese barco! —dijo Patanegra.
—¡No puede ser que nos asuste tanto! — dijo Ojochueco.
—¡¡¡Tenemos que destruir al “Demonio del Mar”!!!! —gritaron todos los piratas. Y acto seguido, tramaron un plan.

Sin saber lo que pasaba, Colombina salió esa noche con su barco a navegar por el Caribe. Levantó la vela mayor y preparó sus nuevos trucos para asustar a los piratas. Pero la esperaba una sorpresa. A la salida del puerto, todos los barcos piratas la estaban esperando. Patanegra, Ojochueco, Barlovento y los más feroces bucaneros rodeaban la salida. Los cañones estaban preparados, los piratas esperaban con sus sables y sus machetes listos para atacarla.

Cuando Colombina vio a todos esos barcos rodeándola, decidió seguir adelante. Levantó su vela pintada con la lengua roja y lanzó todos sus fuegos artificiales hacia el cielo. Después, caminó hacia la proa (que es la parte de delante de los barcos), y se paró allí.

—¿Es Colombina la que está en la proa del “Demonio del Mar”? —preguntó Patanegra cuando miró por el largavistas.
—¡Es Colombina! ¡Y es la hija del mejor marinero que conocí! —respondió Ojochueco—. No podemos atacarla… debe ser una pirata muy valiente para hacernos frente.

Se fue corriendo la voz de que Colombina era la capitana del “Demonio del Mar” y todos los barcos piratas retrocedieron y le abrieron paso. Entonces, Colombina navegó orgullosa mientras los más feroces bucaneros del Caribe la saludaban con mucho respeto. Era Colombina, la hija del marinero, y la pirata más conocida del Caribe, aunque no hubiera destruido ni un solo barco. Y allí estaba, parada en la proa de su bote, el famoso “Demonio del Mar”.

Desde entonces, Colombina siguió ayudando a su mamá en la tienda pero, por las noches, conversa con todos los piratas de la isla que vienen a consultarla para aprender nuevos trucos y siempre, siempre le preguntan si tiene noticias de su papá.

Cuento de Graciela Pérez Aguilar.
Foto: Réplica de barco pirata - Guayaquil, Ecuador.

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