lunes, 20 de agosto de 2012

El animal preferido de Dios


Cuenta la leyenda que, un día, Dios salió a caminar por el mundo para contemplar su creación. Mientras cruzaba el desierto, escuchó los lamentos de un beduino y se detuvo para averiguar la razón de su llanto.
—¿Qué te sucede?—le preguntó.
—¡Oh. Altísimo!—replicó el hombre—. He viajado por la Tierra y he visto las incontables riquezas que les diste a otros pueblos. Ellos tienen ríos caudalosos, tierras fértiles, inmensos bosques y montañas de oro y plata. A mí, en cambio, solo me diste esta arena que quema mis pies.

Dios miró a su alrededor y reconoció que el beduino tenía razón.
—No llores más—le dijo—. Te daré algo que ningún otro ser humano tiene.

Entonces, el Supremo extendió su mano derecha y convocó al viento del sur. Luego, extendió su mano izquierda y moldeó, con ese viento, una figura mientras exclamaba:
—¡Tendrás la visión del águila y la valentía de un león! ¡Serás tan elegante como una gacela y tan fuerte como un tigre! ¡Tu memoria igualará a la de un elefante y tu resistencia, a la de un camello!

Poco a poco, la ráfaga de viento fue tomando forma mientras el Infinito Señor continuaba:
—¡Te daré cascos duros como la roca y tu pelaje será suave como el plumaje del ruiseñor! ¡Serás leal, inteligente y e incansable para el trabajo! ¡Tendrás la belleza de una reina y la majestad de un rey!

Luego, el Creador sopló en el hocico de la figura y le infundió vida.
—Ahora—dijo—, te daré como mi obsequio a los beduinos. Ellos aprenderán a conocerte y cabalgarán sobre tu lomo. Y tú correrás por la Tierra como el viento del cual estás hecho.

Así, cuentan los árabes, fue como su pueblo recibió al caballo,  el regalo preferido de Dios.

Leyenda árabe.
Versión de Graciela Pérez Aguilar
Foto: Caballo árabe, tomada de la página Todo sobre campo 

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